Cómo hacer sopaipillas mendocinas: el paso a paso de la receta clásica con zapallo para transformar las tardes de lluvia
El paso a paso definitivo para preparar este clásico y que queden aireadas con esa textura crocante que las hace irresistibles.


No hay nada más argentino que buscar una excusa para "festejar" un día gris. Cuando el cielo se pone oscuro y caen las primeras gotas, el instinto nos manda directo a la cocina. Pero, si querés salir de la clásica torta frita de siempre y subir un escalón en la escala del sabor, las sopaipillas son tu mejor opción.

Este manjar, que es un emblema absoluto en la región de Cuyo, combina la nobleza del zapallo con la textura crocante de la masa frita, logrando un equilibrio que es, sencillamente, imbatible. Si te preguntás cómo se hacen y por qué tienen ese color dorado tan tentador, acá te contamos todo lo que tenés que saber para lucirte en casa.

Aunque a simple vista alguien desprevenido las pueda confundir, la sopaipilla tiene una identidad propia y muy marcada. Mientras que la torta frita tradicional se basa en harina, agua y grasa, la sopaipilla introduce un ingrediente estrella que cambia las reglas del juego: el zapallo (o calabaza).

Esta hortaliza se incorpora cocida y hecha puré a la masa, lo que le otorga una humedad interna única, un dulzor muy sutil y ese color naranja vibrante que entra por los ojos. En Argentina, son especialmente famosas en Mendoza y San Juan, donde se suelen comer tanto en versión dulce (espolvoreadas con azúcar o bañadas en miel) como saladas, acompañando unos buenos mates.

La clave de una buena sopaipilla es que quede inflada y hueca por dentro, pero con una corteza firme y nada aceitosa. Es el "finger food" criollo por excelencia que sobrevive de generación en generación gracias a su sencillez y bajo costo.
Si tenés un pedazo de zapallo en la heladera y un poco de harina, ya tenés media batalla ganada. Tomá nota de esta receta infalible para que te queden perfectas en el primer intento.

Pro tip: Si querés algo bien mendocino, probalas con una mermelada de alcayota o simplemente solas. Son el compañero ideal para un mate amargo que equilibre el dulzor del zapallo.