Qué significa para la Psicología que alguien se haga un tatuaje con significado
Los expertos analizaron el comportamientos de quienes eligen ponerse tinta en el cuerpo y por qué es una práctica cada vez más instalada.


En la Argentina, el uso de los tatuajes es cada vez más aceptado y se dejó atrás el prejuicio que tenía tener diferentes diseños en los brazos, piernas o cualquier parte del cuerpo. Sin embargo, la psicología intentó determinar qué es lo que ocurre con estos sujetos y por qué tienen un significado.

La tinta en la piel pasó de ser un gesto rebelde o marginal a convertirse en una marca de identidad y expresión que abarca a personas de todas las edades y perfiles. Según el Centro de Investigaciones Sociales de la UADE, seis de cada diez argentinos cuentan con al menos un tatuaje, y un 32% suma más de seis diseños diferentes.
El fenómeno no se limita a la estética. Los expertos señalan que quienes eligen tatuarse buscan dejar una huella personal, un símbolo que remita a momentos, personas o valores importantes.
Julieta Olivera, directora del departamento de psicología de la UADE, explica que “el tatuaje tiene que ver con la trascendencia, con el sentido de dejar algo que quede para siempre. Es una forma de elegir qué narrar en el cuerpo y de mostrarse al mundo desde lo que se considera esencial”.
Esta búsqueda simbólica se consolida como el principal motor de la práctica, desplazando la idea de rebeldía o provocación que predominaba décadas atrás.

En la actualidad, los tatuajes representan para muchas personas la oportunidad de afirmar su identidad y de expresar emociones, recuerdos o etapas de la vida.
La psicología describe este fenómeno como una forma de construir sentido y pertenencia: a través de frases, fechas, nombres o símbolos, quienes se tatúan plasman en la piel aquello que consideran parte de su historia personal. Olivera sostiene que “el tatuaje es un sello de algún evento importante, una frase o un vínculo afectivo que se desea mantener presente de manera visible”.
El cambio social es clave para entender la expansión de los tatuajes. La práctica se naturalizó y dejó de estar ligada exclusivamente a la extroversión o a la necesidad de desafiar normas. Hoy, tatuarse es visto como algo cotidiano, y el estigma asociado a la imagen profesional o a ciertos prejuicios perdió fuerza, aunque aún persisten miradas críticas en algunos ámbitos.

A pesar de la normalización, el informe de la UADE revela que el 75% de los encuestados identifica al ámbito laboral como el espacio donde todavía se mantienen prejuicios hacia los tatuajes.
Sectores como la salud, la educación o el derecho aún presentan tensiones respecto a la imagen profesional, aunque áreas vinculadas a la creatividad, como marketing, diseño o tecnología, son más “amigables” y valoran la tinta como símbolo de autenticidad y originalidad.

Los tatuajes más elegidos suelen estar relacionados con etapas de la vida, homenajes a seres queridos, rupturas o frases que resumen valores personales. El fenómeno es transversal: desde adolescentes hasta personas mayores buscan dejar una marca intencional en su cuerpo.
El testimonio de Sergio Lucero, tatuador, lo confirma: “Hoy el tatuaje es muy masivo, y tenemos clientes de todas las edades. Muchos eligen recordar a sus nietos, mascotas o momentos clave”.