La misión Artemis II marcó un hito en la historia de la exploración espacial: por primera vez en más de medio siglo, astronautas volvieron a viajar hasta la órbita lunar. Sin embargo, el regreso a la Tierra no representa el final del desafío. Ahora, la tripulación deberá afrontar un exigente proceso de rehabilitación que puede extenderse entre 45 y 60 días.
Tras amerizar en el océano Pacífico luego de una misión de aproximadamente 10 días, los astronautas fueron asistidos inmediatamente por equipos médicos especializados. Aunque regresaron en buen estado general, los efectos de la microgravedad comenzaron a evidenciarse rápidamente, obligándolos incluso a recibir ayuda para caminar en los primeros momentos en tierra firme.

Qué le pasa al cuerpo tras un viaje espacial
Este fenómeno es habitual en misiones espaciales. Durante su estadía fuera de la Tierra, el cuerpo humano experimenta múltiples cambios. La ausencia de gravedad provoca pérdida de masa muscular, especialmente en piernas y espalda, reducción de la densidad ósea y alteraciones en el sistema cardiovascular.
Incluso en misiones relativamente cortas, como la de Artemis II, los astronautas pueden perder entre un 1% y un 2% de su masa muscular.
Además, es común que aparezcan síntomas como mareos, desorientación, vértigo y dificultades para mantener el equilibrio. Esto se debe a que el sistema vestibular, responsable de la orientación espacial, se adapta a la microgravedad y necesita tiempo para volver a funcionar correctamente en la Tierra.
Cómo es la rehabilitación de los astronautas
Por eso, el regreso activa de inmediato un protocolo de recuperación física. Según se explicó, los tripulantes deberán someterse a un programa de rehabilitación progresiva que incluye ejercicios de coordinación, fuerza y resistencia, además de monitoreos médicos constantes. El objetivo es que el organismo vuelva a adaptarse a la gravedad terrestre y recupere sus funciones normales.

Uno de los métodos clave es el llamado “circuito de obstáculos”, una rutina diseñada para evaluar la movilidad, el equilibrio y la capacidad de reacción. Estas pruebas incluyen subir escaleras, levantar objetos y realizar movimientos que simulan condiciones de esfuerzo físico cotidiano.
Además, los astronautas continúan bajo observación médica en el Centro Espacial Johnson de la NASA, donde se analizan posibles efectos secundarios como mareos, vértigo, dificultades para regular la presión arterial e incluso alteraciones en el sistema inmunológico.

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La importancia de este proceso no es menor. Artemis II no solo fue una misión histórica, sino también una prueba clave para futuras expediciones, incluyendo el regreso del ser humano a la superficie lunar y, a largo plazo, viajes tripulados a Marte.
La tripulación integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen recorrió más de un millón de kilómetros y se convirtió en la primera en sobrevolar la Luna desde la misión Apolo 17 en 1972.
Ahora, lejos del impacto mediático y los logros tecnológicos, comienza una etapa menos visible pero igual de crucial: la recuperación física. Un proceso que puede extenderse por semanas y que pone en evidencia una realidad clave de la exploración espacial moderna: llegar al espacio es solo una parte del desafío, volver a la Tierra también lo es.
