En Tucumán, el 24 de marzo no se recuerda sólo como la fecha del golpe cívico militar de 1976. En esta provincia, el terrorismo de Estado había empezado antes. El 5 de febrero de 1975, el decreto secreto 261/75 ordenó al Ejército ejecutar en Tucumán las operaciones necesarias para “neutralizar y/o aniquilar” a los llamados “elementos subversivos”. Ese fue el punto de partida del Operativo Independencia, que se define como la primera experiencia masiva y sistemática de implementación del terrorismo de Estado en la Argentina.
Una provincia marcada antes del golpe
En ese contexto funcionó La Escuelita de Famaillá, hoy convertida en espacio de memoria. El sitio oficial señala que allí operó un centro clandestino de detención desde febrero de 1975 y al menos hasta el 24 de marzo de 1976. También indica que en la provincia, el plan represivo se organizó mediante un circuito de casi un centenar de centros clandestinos, entre ellos la Jefatura de Policía, la Brigada de Investigaciones, la Compañía de Arsenales Miguel de Azcuénaga, comisarías, ingenios y otros predios usados para secuestrar, torturar y desaparecer personas.
Si hay un lugar que resume el intento de borrar toda huella, ese lugar es el Pozo de Vargas, en Tafí Viejo. El Ente Tucumán Turismo lo define como la fosa de inhumación clandestina con mayor número de identificaciones del país. Allí, según datos oficiales actualizados este mes, el CAMIT recuperó 149 restos óseos y el Equipo Argentino de Antropología Forense ya logró identificar 118; el trabajo sigue abierto, porque la búsqueda todavía no terminó.
Memoria activa, no ceremonia vacía
Pasó medio siglo, pero las heridas aún sangran: Tucumán volvió a poblarse de actividades que no miran el pasado como una postal, sino como una responsabilidad pública. Para este 24 hubo recorridos guiados en La Escuelita de Famaillá, un nuevo Camino de la Memoria en la capital y una marcha convocada desde la ex Jefatura de Policía hacia Plaza Independencia. En paralelo, el Ente Cultural de Tucumán organizó una agenda con cine, literatura, música y talleres, mientras la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT inauguró el memorial “Presencias”, dedicado a estudiantes, docentes, no docentes y graduados desaparecidos o asesinados durante el Operativo Independencia y la dictadura.
En Tucumán, la memoria tiene tierra, nombres y sitios concretos. Está en Famaillá, en Tafí Viejo, en los archivos, en la universidad, en las marchas y en las familias que siguieron buscando cuando el miedo parecía ocuparlo todo. Por eso el 24 de marzo acá no es una fecha más: es una advertencia moral y una obligación democrática.
Recordar sigue siendo una forma de decir Nunca Más.