Un triple crimen, un secuestro de dos menores y la llamada que les salvó la vida: la cruda historia
La niña y su hermano estuvieron siete semanas desaparecidos hasta que lograron dar con el responsable. Cómo fue que logró sobrevivir y la rescataron.


El caso de Shasta Groene y su hermano Dylan logró conmocionar a todos en Estados Unidos luego de que se conociera el caso de estos dos menores a los que secuestraron durante siete semanas después de matar a su mamá. Un llamado desde un lugar inesperado logró que la policía detenga al captor y así liberar a los niños.

La madrugada del 11 de mayo de 2005, la tranquilidad de la familia Groene en Idaho terminó en tragedia. Joseph Edward Duncan III, un delincuente sexual con antecedentes, irrumpió armado en la vivienda donde residían Shasta, Dylan, su madre Brenda, su hermano mayor Slade y la pareja de su madre, Mark McKenzie. El atacante asesinó brutalmente a tres adultos en la casa: Brenda, Slade y McKenzie. Luego, secuestró a los dos hermanos más pequeños y huyó sin dejar rastros inmediatos. La escena del crimen desencadenó un operativo policial de gran magnitud, mientras la noticia impactaba a la opinión pública y generaba una cobertura inusitada en los medios nacionales.
Desde el primer momento, la desaparición de Shasta y Dylan fue tratada como una situación de máxima urgencia. Las autoridades activaron alertas en varios estados, difundieron imágenes de los menores y coordinaron tareas con equipos de rescate. La familia, la comunidad y el país entero siguieron durante semanas cada novedad, aferrados a la esperanza de un desenlace favorable.

Durante siete semanas, Duncan mantuvo a los niños en campamentos improvisados en zonas rurales de Idaho y Montana, lugares de difícil acceso y alejados de la vigilancia policial. Los menores fueron sometidos a condiciones extremas, abusos físicos y psicológicos, y un control constante. Mientras tanto, los investigadores seguían pistas que, en su mayoría, conducían a callejones sin salida, mientras la incertidumbre crecía en la comunidad.
El drama alcanzó su punto más trágico cuando, en el transcurso del cautiverio, Dylan fue asesinado por el secuestrador. La muerte del niño se confirmó tiempo después, tras la captura del responsable. Shasta quedó sola, enfrentando el peligro y la incertidumbre bajo la amenaza constante de su captor.

El 2 de julio de 2005, cuando la esperanza parecía desvanecerse, se produjo un giro determinante. Duncan decidió llevar a Shasta a un restaurante en la ciudad de Coeur d’Alene. Allí, una camarera reconoció a la menor gracias a la amplia difusión de su imagen y avisó discretamente a la policía. Los agentes acudieron de inmediato y detuvieron al sospechoso sin que ofreciera resistencia, logrando rescatar a Shasta con vida tras 48 días de cautiverio.

Tras ser liberada, la niña fue trasladada a un hospital para recibir atención médica y psicológica. Las autoridades confirmaron la muerte de Dylan y, tras la detención, Duncan confesó los crímenes y su historial delictivo. Fue condenado a múltiples cadenas perpetuas y a la pena de muerte, falleciendo posteriormente en prisión.