El empresario Marcelo Porcel está siendo investigado por al menos 10 casos de abuso sexual, entre otros delitos, ejecutados contra menores de entre 13 y 15 años, compañeros de colegios de sus hijos. Porcel gozó a pleno de su libertad con total impunidad hasta hace algunas semanas. Días atrás, finalmente le colocaron la tobillera eléctrica.

Montó una agencia de modelos trucha para abusar de mujeres: "Me corrió la bombacha para ver si..."
Los padres de las víctimas comenzaron a hablar y detallar cómo atravesaron los complejos procesos vinculadas a estos casos, con la imaginable complejidad que tienen. En ese aspecto, una de las mamás contó cuál fue la primera señal que notó en su hijo y que le hizo encender las alarmas. Aunque nunca imaginó todo lo que vendría detrás.
Cuál fue la primera señal de una de las víctimas de Porcel que hizo sospechar a sus padres
Según contó la madre en diálogo con TN, todo comenzó a mediados de 2023 con un pedido contudente y casi desesperado de su hijo: le pidió cambiarse de aula. "No quería seguir siendo compañero ni amigo del hijo de Porcel", asegura la mujer. Cuando sus padres le preguntaron los motivos, el chico solo insistía con que "no quería verlo más".
Pasados los meses, los rumores comenzaron a circular, pero todavía no se hablaba de delitos sexuales. Con el diario del lunes pareciera que, de alguna manera, los chicos necesitaban que "se destapara la olla", pero no sabían cómo hacer. La respuesta fue comenzar exponiendo los otros delitos.
El momento de la verdad
Entonces, las versiones apuntaban -como el peor escenario- a apuestas ilegales y consumo de alcohol por parte de chicos de 13 y 14 años en reuniones organizadas en la casa de Porcel.
“Parecía una locura. Era imposible imaginar que alguien tan querido por la comunidad pudiera estar detrás de algo así”, recordó la mujer, que aun ni sospechaba que había algo peor.

El desgarrador video de la mamá de uno de los adolescentes que denunció a Marcelo Porcel por abuso
A fines de 2023, preocupada y sin certezas, la madre del chico se acercó al colegio. Desde el establecimiento le pidieron datos para accionar: nombres, situaciones específicas y hechos determinados. Fue su propio hijo quien finalmente dio la respuesta que esperaban.
Así fue que el adolescente comenzó a describir con detalle distintos episodios: consumo de alcohol, apuestas clandestinas, manejo de dinero que Porcel les proporcionaba a los chicos y encuentros que tenían siempre un código en común: el silencio.
