Mató a su novia modelo de OnlyFans, fingió ser ella en redes y una pista cambió la principal hipótesis
Durante días, todo parecía normal en sus redes sociales, hasta que un hallazgo dentro del departamento cambió por completo la investigación.


Cuando los amigos de Anastasia Grishman decidieron forzar la entrada de su departamento, ya era demasiado tarde. El cuerpo de la joven estaba en avanzado estado de descomposición y el olor dentro del lugar era imposible de soportar.
Sin embargo, mientras eso ocurría en la vida real, en redes sociales todo parecía seguir con normalidad: había publicaciones, respuestas a mensajes y una actividad digital que ocultaba un crimen estremecedor.


La influencer rusa, de 26 años, fue asesinada en julio de 2022 en su vivienda de San Petersburgo. En internet había construido una comunidad de más de un millón de seguidores y obtenía ingresos mediante contenido en plataformas por suscripción y también a través de cursos vinculados al mundo del tatuaje.
Aunque su nombre verdadero era Anastasia Kamloopskaya, se había hecho conocida públicamente como Grishman.
El principal apuntado por el crimen fue Dimitri, la pareja de la joven, un hombre que no tenía un empleo fijo y que, de acuerdo con la investigación, dependía económicamente de ella.
La relación entre ambos, según la reconstrucción judicial, estaba atravesada por escenas de celos, conflictos frecuentes y antecedentes de violencia. Todo habría estallado tras una discusión originada cuando él revisó el celular de Anastasia y encontró mensajes que desataron un nuevo episodio de furia.

Pero lo que ocurrió después conmocionó aún más a los investigadores. Tras asesinarla de 22 puñaladas, la mayoría concentradas en la zona del cuello, trasladó el cuerpo al baño del departamento y lo mantuvo allí durante una semana. Durante esos días, intentó sostener una apariencia de normalidad a través de las redes sociales de la víctima.
Según se conoció, el acusado publicó contenido, respondió mensajes y mantuvo conversaciones con personas del entorno de Anastasia para evitar sospechas. Incluso, llegó a inventar explicaciones para justificar su ausencia y aseguraba que la influencer no podía salir ni reunirse porque se sentía mal.
La estrategia para encubrir el crimen comenzó a caerse cuando la actividad en redes sociales de la influencer empezó a generar sospechas. Quienes la conocían notaron que las respuestas que salían desde sus cuentas eran frías, extrañas y muy distintas a su forma habitual de expresarse.
Ante esa situación, amigos de su círculo íntimo decidieron acercarse hasta su departamento. Allí se encontraron con la peor escena: el cuerpo de Anastasia estaba dentro de la vivienda.
Poco después, el principal sospechoso fue detenido. Durante las primeras declaraciones ante los investigadores, el acusado dio relatos contradictorios sobre lo ocurrido.
En una de sus versiones, intentó instalar la idea de que el asesinato había sido un hecho acordado entre ambos: sostuvo que ella le había pedido que terminara con su vida. Sin embargo, nunca aportó pruebas que sostuvieran esa hipótesis.
“Sí, yo acabé con ella y lo admito”, llegó a escribir en publicaciones que aparecieron en redes mientras ya estaba bajo sospecha. En esos mismos mensajes, insistía en que “no fue una pelea ni una discusión” y que había actuado por deseo de la víctima, una versión que los investigadores consideraron inconsistente.
En paralelo, la causa también puso el foco en antecedentes de violencia que rodeaban al acusado. Una exnovia ya lo había señalado públicamente por situaciones de maltrato, y la propia Anastasia incluso había salido a defenderlo en televisión poco antes de ser asesinada. Ese antecedente terminó por reforzar para los investigadores la hipótesis de una relación marcada por la violencia y el control.
Dentro del departamento, los investigadores hallaron un elemento que resultó clave para la causa, varias valijas parcialmente preparadas. Para la fiscalía, ese detalle fue determinante dentro de la reconstrucción del crimen.
La principal hipótesis indicó que la joven estaba a punto de irse de la vivienda que compartía con su pareja y que el ataque se produjo en el momento en que él entendió que ella pensaba dejarlo. Bajo esa lectura, el móvil del asesinato quedó asociado a una lógica de control, dominación y posesión.

El fallo judicial también generó una fuerte controversia. El acusado recibió una condena de ocho años de prisión, una pena que fue considerada baja frente a la gravedad del caso y al nivel de violencia del crimen. Según trascendió, una de las razones que influyó en la reducción de la pena fue la confesión del imputado durante el proceso.