El caso de la muerte de Ángel Nicolás López generó una profunda conmoción en la comunidad, no solo por la gravedad del hecho, sino también por las circunstancias desesperantes en las que se produjo el desenlace.

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En una vivienda precaria de chapas, el episodio dejó una escena marcada por el shock y la urgencia, que todavía resuena entre los vecinos de la zona.
Karen, quien vive al lado de la casa donde ocurrió el crimen del niño de 4 años, sigue atravesada por lo que le tocó vivir aquella noche. Según su testimonio, el domingo de Pascuas fue despertada por los gritos desesperados de Mariela Altamirano, quien le pidió ayuda para trasladar a su hijo a un centro de salud, aunque con una versión que no coincidía con lo sucedido.
El terrible testimonio de la vecina tras la muerte de Ángel
"Sus labios estaban azules y su cuerpo era una gelatina, no tenía movimiento", recordó la joven al describir el instante en que intentó asistir al niño y notó que no presentaba signos de reacción.
La vida cotidiana en ese sector de Comodoro Rivadavia estaba atravesada por situaciones de tensión, con ruidos que se filtraban a través de las paredes de chapa y crecientes sospechas de violencia contra el menor.
Los vecinos, preocupados por lo que escuchaban con frecuencia, habían acordado presentar una denuncia formal ante el próximo episodio, pero no llegaron a tiempo para intervenir. "Viste cuando sabes que no son correctivos", explicó la testigo al referirse a los golpes y gritos que, según su relato, eran recurrentes en la vivienda de Altamirano y Maicol González.
Cómo fueron los días previos al crimen
En los días previos al crimen, la postal de Ángel Nicolás López mostraba otra cara: el nene se acercaba con ternura a la enredadera del patio para acariciar al perro de sus vecinos, estirando apenas sus manos entre las plantas.
Pero ese escenario cotidiano convivía con un clima de tensión que terminó de explotar la noche del sábado 4 de mayo, cuando el volumen de la música ya no logró disimular los ruidos de chapas y los gritos que salían de la vivienda. "El sábado entre las 23 y 24 se escucharon ruidos de golpes de chapa, gritos. Y, de un momento a otro, se apagó el griterío", detalló Karen sobre las últimas horas con vida del menor.

En paralelo, mientras efectivos policiales y personal médico realizaban maniobras de reanimación sin resultados, la actitud de Maicol González llamó la atención y generó fuerte indignación entre los presentes por su aparente frialdad.

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El hombre seguía el movimiento de ambulancias con su bebé de seis meses en brazos, sin mostrar señales de conmoción ante la crítica situación del niño. De acuerdo con vecinos de la zona, esa reacción no les resultó ajena: sostienen que su formación en artes marciales podría haberle permitido ejercer golpes sin dejar marcas visibles a simple vista.
