Entre la ovalada y la familia: Fabián y Sebastián Dorigón, dos generaciones unidas por el rugby en el CAE
Padre e hijo comparten mucho más que la pasión por el rugby. Fabián y Sebastián Dorigón hablan del legado familiar, el amor por el Club Atlético Estudiantes, los valores heredados, el sacrificio, el carácter dentro de la cancha y el deseo de seguir construyendo una historia ligada al CAE.
Entre la ovalada y la familia: Fabián y Sebastián Dorigón, dos generaciones unidas por el rugby en el CAE.(web)
En el rugby, muchas veces la pasión se transmite antes incluso de entender el juego. Una pelota ovalada en la infancia, viajes al club, entrenamientos y sobremesas familiares terminan marcando un camino.
Ese parece ser el caso de Fabián y Sebastián Dorigón, padre e hijo profundamente ligados al rugby y al Club Atlético Estudiantes (CAE) de Paraná, donde crecieron entre entrenamientos, amistades y valores que hoy definen gran parte de su identidad.
Para Fabián, el vínculo de Sebastián con la ovalada comenzó desde muy chico.
“Ya venía la pelotita chiquita. Jugábamos a pasarla, agarrarla, patearla como si fuera una pelota de fútbol”, recordó entre risas. El contexto también ayudó: “Tiene muchos primos y todos jugaron al rugby”.
Un chico que ya leía el juego
Entre la ovalada y la familia: Fabián y Sebastián Dorigón, dos generaciones unidas por el rugby en el CAE.(web)
Fabián, que fue entrenador de infantiles, juveniles y llegó incluso a dirigir la Primera del club, asegura que desde pequeño Sebastián mostraba algo distinto.
“Nos acompañaba a viajes, entrenamientos, charlas. Miraba la cancha y me decía: ‘Tienen que ir por acá y no por allá porque están amontonados’. Ya tenía una lectura muy linda del juego”, contó.
Pero para Sebastián, el verdadero ejemplo estuvo fuera de la cancha.
“Es un tipo muy laburador, que siempre dio todo por la familia, estuvo al pie del cañón. Pasó por varias operaciones y siempre salió adelante. Estoy muy orgulloso de él. Ojalá algún día, si soy padre, pueda ser como él”, expresó.
Un apellido con historia dentro del club
Entre la ovalada y la familia: Fabián y Sebastián Dorigón, dos generaciones unidas por el rugby en el CAE.(web)
La familia Dorigón forma parte de una historia muy ligada al CAE. Abuelos, padres, hermanos y primos crecieron alrededor de la institución, algo que Sebastián sintió desde muy chico.
“Somos una familia muy numerosa, muy vinculada al club. Mi abuela estuvo siempre ligada, mi mamá también. Acá la gente te conoce porque conoce a tu viejo, a tu familia. Es parte de la identidad”, contó.
Esa pertenencia, dicen, también tiene mucho que ver con los valores heredados.
Entre la ovalada y la familia: Fabián y Sebastián Dorigón, dos generaciones unidas por el rugby en el CAE.(web)
“La perseverancia, el sacrificio y el amor por la familia fueron cosas que siempre nos inculcaron”, señalaron.
La figura de la abuela aparece constantemente en sus recuerdos. La describen como el centro emocional de la familia, la persona que mantiene unido al clan de más de veinte integrantes.
“Ella quiere que el domingo estemos todos. Si somos 25 mejor. Es el núcleo de la familia”, contó Fabián.
También recuerdan con humor sus análisis post partido. “Termina el encuentro y el primer mensaje ya está: analiza todo el partido. Obviamente para ella los nietos siempre son los mejores”, bromeó Sebastián.
El rugby y el desafío de controlar el carácter
El carácter fuerte es algo que ambos reconocen compartir. Pero también coinciden en que el rugby obliga a trabajar permanentemente el autocontrol.
Sebastián admite que no siempre es sencillo.
“Es un deporte de contacto, con mucha adrenalina. Se vive a mil y a veces cuesta. Yo tuve momentos donde perdí el control, pero es algo que se trabaja constantemente”, sostuvo.
Explica que el equilibrio llega a través del trabajo grupal.
“Los entrenadores, compañeros, amigos y familia ayudan. Siempre hay alguien que te baja un cambio. Somos 30 adentro de una cancha y hay que mantener los decibeles lo más tranquilos posible”.
Fabián reconoce que el rugby de su generación era distinto.
“Antes había mucho golpe a destiempo, más picante dentro de la cancha. Hoy es otro rugby, mucho más controlado. Yo no duraría dos minutos jugando hoy”, dijo entre risas.
Entrenar como profesionales siendo amateurs
Ambos destacan cómo cambió la exigencia en el rugby actual. Aunque siga siendo amateur, el nivel de preparación es cada vez más profesional.
“El tiempo que se le dedica es enorme. A veces llegás al partido con una presión que no parece de un deporte amateur”, explicó Sebastián.
Aun así, sostiene que hay algo que nunca debe perderse.
“Mi viejo siempre me enseñó a divertirme. Entrar a la cancha con confianza. Las herramientas ya están porque entrenamos muchísimo, pero si no disfrutás, es difícil”.
Sobre los entrenadores, tiene claro qué es lo más importante.
“Lo principal que espero es confianza. Después uno se preparó toda la semana para explotar el sábado”.
El legado: estar siempre para el club
Con el CAE celebrando sus 121 años de historia, hablar del legado familiar se vuelve inevitable. ¿Qué les gustaría que quede de ellos dentro del club?
Sebastián no duda.
“Que nos recuerden como gente que siempre estuvo al pie del cañón cuando el club nos necesitó. Me encanta estar acá, ayudar donde pueda. Mi viejo fue igual, mi abuela también”.
Fabián coincide.
“Que sepan que siempre estuvimos para el club, brindándonos al máximo, con errores y aciertos, pero siempre de buena fe. Esta es nuestra segunda casa. Es el lugar donde queremos estar”.
Incluso cuando Sebastián tuvo la oportunidad de jugar afuera, el vínculo con Paraná y el CAE nunca se rompió.
“Siempre quiere volver. Su lugar es este”, dijo Fabián.
La experiencia de jugar afuera: “Es un posgrado”
Cuando Sebastián decidió emigrar para jugar rugby, Fabián no dudó en apoyarlo.
“Era algo que a mí me hubiese gustado hacer y no hice. Me encantó que se fuera, que conociera otra cosa”, aseguró.
Para él, vivir una experiencia internacional va mucho más allá de lo deportivo.
“Yo lo considero un posgrado”, resumió.
Destacó el crecimiento del rugby infantil y juvenil, el trabajo formativo y el compromiso de las nuevas generaciones.
“Este año me tocó estar como entrenador en M16 y siento que el club está haciendo las cosas muy bien. Los chicos son fanáticos del club, entrenan mucho y hay un futuro prometedor”.
También valoró el crecimiento del rugby profesional en la región y el surgimiento de franquicias intermedias.
“Antes no había un escalón entre el club y Los Pumas. Hoy tenés seleccionados juveniles, franquicias, torneos más estructurados. Me parece un acierto y además está bueno que los chicos después vuelvan al club”.
El talento, las bromas y una relación atravesada por el respeto
Entre anécdotas, también hubo espacio para las cargadas familiares. Cuando surgió la pregunta sobre quién de los dos era más talentoso deportivamente, la respuesta fue inmediata.
“Él, sin dudas”, respondió Fabián, señalando a Sebastián.
La admiración mutua aparece constantemente en el diálogo. Más allá del rugby, ambos parecen compartir algo mucho más profundo: el orgullo de formar parte de una historia familiar construida dentro del club.
Porque para los Dorigón, el CAE no es solo un lugar para jugar. Es, sencillamente, una segunda casa.