Las cosas no existen en una unidad individual y precisa, sino que para ser es que deben coexistir con una serie de circunstancias, hechos y situaciones cuyo contexto le otorga el real valor que cada una posee. Es por asi decirlo el valor específico de algo, en el entorno que lo contiene y lo compone.
Este entendimiento tiene que ver con la relación a encontrar entre un deporte (en este caso el boxeo) con el mayor de los desastres que el propio hombre haya propinado a su propia raza: la Segunda Guerra Mundial.

Lejos estaremos de analizar las cuestiones geopolíticas o internacionales que hayan promovido semejante barbarie, pero también es interesante la advertencia al lector de que será perceptible en todos los casos la innoble motivación racial y de odio. Aquella que como promoción de la guerra subyacía durante el conflicto, es la misma que replicaba en improvisados rings dentro de los campos de concentración o en determinaciones insensatas y crueles.

Como si fuera una filosofía
Boxear para vivir es un titulo que no tiene eufemismos. Indica exactamente lo que ha sucedido en estas situaciones y en aquel momento de la historia de la Humanidad. Muchos seres humanos tuvieron la impronta de su padecimiento teñida por la morbosidad de la supervivencia extrema, de la ansiedad de vivir y del inevitable uso de los puños como herramienta para ello.

Por eso es que se merece un interrogante: ¿puede ser el boxeo una filosofía de la resistencia? Nuestra postura es amplia, en latitud y afirmativa: también puede ser una filosofía, un encuentro de pensamientos reveladores que conducen a una conclusión.

Decimos también porque el boxeo tiene que ver con una diversidad de abordajes cuyas precisiones serian motivo de una multiplicidad de conceptos. Porque también es historia si consideramos sus orígenes (griegos, incas o quizás otras posturas); es castrense si partimos de la deducción de que es un arte marcial destino a defenderse y a atacar; es geográfico por tratarse de una raigambre exclusivamente occidental; es lingüístico si nos atenemos a que sus denominaciones y jerga deben traducirse del inglés. O es literario si mencionamos a cultores como Jack London o Ernest Hemingway y asi podríamos seguir buceando ramas del arte y del conocimiento que tiene que ver con ello.

Pero en aras de la precisión aquí pensamos en algo en particular: la resistencia. Porque exactamente no enfocaremos en geografía o lingüística, sino que compondremos las imágenes pensando en resistir.
De sinónimos y significados
La Real Academia Española contiene nueve acepciones relacionadas con el sustantivo resistencia. Y siete de ellas pueden aplicarse perfectamente al matiz que proponemos. Cierto es que resulta necesario extender los límites imaginativos para que ello suceda pero también resulta alarmantemente asombroso que hablar de boxeo y resistencia ocupe la casi totalidad del espectro de la palabra.
Propongo un ejercicio. Dejar de lado las definiciones y trabajar sobre los sinónimos. Y resulta ello mucho mas enriquecedor y conmovedor a la vez, en donde pueden resumirse tanto las intenciones de esta columna como el alcance mismo de las historias a narrar. Y asi como existen nueve acepciones, la sinonimia nos auxilia mucho más aún: veinte.
Hagamos en conjunto esa actividad. Imaginemos confrontaciones en los campos de concentración con las características naturales de la injusticia: diferentes pesos, diferentes preparaciones, abuso de poder, humillaciones, lucha por la vida, desesperación.
Y luego de esa representación, entonces desandemos los sinónimos de la palabra resistencia: oposición, rebeldía, rechazo, contestación, renuencia, intransigencia, obstinación, negativa, repulsa, aguante, fortaleza, fuerza, vigor, potencia, entereza, robustez, solidez, energía, vitalidad, rozamiento. Asi es, exactamente veinte.
Hago aquí la salvedad pues todos ellos están en pugna durante la serie. Porque a pesar de que siempre existe una diferencia conceptual (por pequeña que sea) estoy seguro de que todos y cada uno habrán de acudir para calificar aquellas historias, aquellos hombres, aquellos momentos.
Como supervivencia de la dignidad
La dignidad es una virtud. Pero también es un derecho exigible, peticionable y oponible. Nadie en su sano juicio de convivencia tiene la aptitud ni la facultad de la degradación y quien asi lo hiciera, ese ejercicio solo será demostrativo de la básica cualidad animal de quien lo ejerce. El resto es humanidad.
De alguna manera es esa la metáfora a la cual acudiremos en la serie “Boxear para vivir”. Tal vez pensando en la vida como ultimo refugio, como ultima posibilidad y como único vehículo posible en donde sea la dignidad humana una forma de vida.
No obstante la degradación involuntaria y el sometimiento a la servidumbre que sucedió en los campos, la dignidad humana resurge como retoños aislados pero fértiles. Aún en el horror, aún en la desesperanza, aún en las inevitables sombras de la muerte, la dignidad emerge tanto como la vida.
La propuesta es poner en evidencia, relieve y exposición las virtudes de supervivencia generadas en una situación límite como fue el Holocausto, ello a través de historias relacionadas con el deporte del boxeo.
Hay una alegoría en ello, en tanto el box es un arte marcial que tiende (en una de sus fases) a evitar el daño. Protegiéndose por instinto en la postura de guardia o mediante mecanismos más eficientes en los movimientos defensivos. Y asi sintetizado intentaremos el rescate y exposición de historias de vida que (a pesar de que en muchos casos el olvido ha hecho estragos) merecen la sutileza de recuerdo.
La barbarie del nazismo ha sido abordada en multiplicidad de formas, pero intentaremos aquí, revelar la humanidad de aquellos que por diferentes motivaciones han dejado una historia para contar, un suceso para enarbolar.
Lamentable e inexorablemente, no podemos hablar de la sobrevivencia de todos quienes aquí protagonizaran las historias. En aquellos casos en que sus vidas fueron sesgadas haremos el ejercicio del labrador: recoger el brote de su siembra.
Y asi las citas obligadas serán las nacionalidades (húngaros, franceses, españoles, polacos), los destinos (el frente, los campos), pero sobre todo el sinónimo de la resistencia que en cada caso se presuma.
Las contiendas deportivas del box se anuncian con campanadas, así como las alegrías, los anuncios, las liturgias y otras notificaciones. Así es que entonces llegamos a ustedes lectores y por Via País, anunciando esta nueva serie “Boxear para vivir”, entre campanadas, rounds y llamadas a la nostalgia de todos los tiempos.
Especial para Vía Paraná por Carlos Saboldelli.
