El curioso nombre de mujer que nadie utiliza en Argentina desde 1992
Se trata de uno de los nombres más utilizados durante el siglo pasado, que en las últimas décadas ni siquiera se consideró. Cómo son las restricciones que existen para escogerlos.


En la Argentina, como en gran parte del mundo, existen una serie de normas para escoger los nombres de bebés. En ese sentido, una estadística reveló que existe un nombre de mujer que no se utiliza desde 1992 en todo el país y se trataba de los más utilizados en el siglo pasado.

La selección del nombre propio es un acto que define la identidad y acompaña a una persona durante toda su vida. En Argentina, el Registro Nacional de las Personas (Renaper) establece las pautas y limitaciones para evitar denominaciones que puedan resultar ofensivas, confusas o ridículas. Aunque la creatividad de los padres suele estar presente, cada año algunos nombres desaparecen de los registros oficiales debido a los cambios sociales, las modas y la preferencia por variantes extranjeras o modernas. El fenómeno de los nombres en desuso revela tendencias culturales y también la influencia de la legislación vigente.
A pesar de la libertad relativa que existe, hay denominaciones que, por razones históricas o de sonoridad, dejaron de ser elegidas. Entre ellas destaca un nombre femenino que fue común en la primera mitad del siglo XX y que, desde hace más de 30 años, no figura en ninguna partida de nacimiento nacional: Serapia.
Serapia es un nombre de origen griego, vinculado a la divinidad helenística Serapis, que combinaba atributos de dioses egipcios y griegos. Según los registros, en el siglo pasado llegó a tener cierta popularidad en la Argentina, pero desde 1992 no se ha registrado ninguna niña con ese nombre. Actualmente, la cantidad de mujeres llamadas Serapia en el país no supera el centenar, consolidando su rareza en el panorama onomástico nacional.

El significado de Serapia se asocia a “consagrada a Serapis” o “la que pertenece a Serapis”, y en un sentido simbólico remite a ideas de protección, sanación y renacimiento. Además, el nombre aparece en documentos históricos y religiosos antiguos, e incluso en la onomástica cristiana primitiva, ya que existieron santas y mártires con ese nombre o variantes como Serapión. Su sonoridad, considerada poco amigable en el español actual, y su fuerte tono clásico, explican en parte el abandono de su uso.
La legislación argentina permite a los padres elegir nombres originales, siempre que no sean ambiguos, ofensivos o extravagantes. El Renaper revisa cada solicitud y puede rechazar aquellas denominaciones que puedan causar confusión o resultar peyorativas para quien las porta. Esta normativa, vigente desde hace décadas, busca proteger la identidad y evitar situaciones de discriminación o burla en el futuro.

Algunos nombres clásicos o extranjeros se mantienen en el gusto popular, mientras que otros, como Serapia, Serafina o Apia, caen en desuso por su sonoridad o por asociarse con épocas pasadas. La tendencia actual se inclina hacia nombres cortos y de origen internacional, aunque algunos padres optan por rescatar rarezas históricas.
Entre los nombres de estilo y origen parecido a Serapia se encuentran Serafina (“ardiente, angelical”, de raíz hebrea), Serena (latín, “calma, serena”) y Sofia (griego, “sabiduría”), todos ellos con mayor presencia en registros recientes. La preferencia por nombres únicos y con significado especial sigue vigente, pero el caso de Serapia destaca por el largo periodo sin ser elegido en el país.