"Por tercera vez en mi país me fundí": reveló Benito Fernández, quien señaló la ausencia del Estado
Benito Fernández bajó la persiana de su línea Prêt-à-porter tras fundirse por tercera vez en Argentina, pero mantendrá la alta costura.


Con más de cuatro décadas como referente indiscutido del diseño argentino, Benito Fernández atraviesa uno de los momentos más complejos de su carrera. El creador confirmó el cierre definitivo de su línea Prêt-à-porter en Argentina y explicó que se trata de la tercera quiebra que enfrenta en el país, luego de las crisis de 2001 y 2020. Esta vez, asegura, el contexto económico terminó de volver inviable un modelo de negocio que ya no podía sostenerse.

“Por tercera vez en mi país me fundí: me pasó en 2001, en 2020 y ahora en 2025”, expresó Fernández en diálogo con A24. Según explicó, la combinación de impuestos elevados, costos crecientes y ausencia de políticas de acompañamiento a la industria textil fueron determinantes para tomar la decisión. Frente a ese escenario, el diseñador optó por replegar su actividad y concentrarse exclusivamente en la alta costura. “Me quedé con lo que puedo sostener. El resto se volvió imposible”, resumió.

El cierre de la línea Prêt-à-porter tuvo un fuerte impacto laboral: implicó la desvinculación de 14 empleados directos y el cese de trabajo con ocho talleres, un punto que Fernández destacó como uno de los aspectos más dolorosos del proceso. En ese marco, fue contundente con su diagnóstico sobre el sector: “Hace cuatro gobiernos que vienen destruyendo esta industria. Producir en Argentina es inviable”.
El diseñador también apuntó contra la presión impositiva y la falta de previsibilidad para invertir. “¿Cómo se puede invertir cuando más del 50% se va en impuestos? Yo no pido subsidios, solo condiciones razonables”, afirmó, marcando distancia de cualquier reclamo asistencial y poniendo el foco en reglas de juego estables.
Al comparar la situación local con la de otros países, Fernández remarcó que el problema no es la creatividad. “España y Brasil apostaron al sector hace décadas y hoy son potencias”, sostuvo, subrayando la brecha entre el potencial del diseño argentino y las condiciones estructurales que enfrenta: “Si hay diseño, sos competitivo, y acá diseño hay. El problema es que los gobiernos no apoyan a esta industria”.

“Mis proveedores cobraban antes que yo. No tenía margen para sostenerlo”, detalló. En la alta costura, en cambio, el sistema es completamente distinto. “Trabajo con señas, compro el género y cuando entrego el vestido, me pagan. Eso hace toda la diferencia”, explicó, justificando su decisión de concentrarse en ese segmento.

Fernández también expresó su preocupación por el impacto de las importaciones y la caída del consumo. “No estoy en contra de competir, pero la apertura fue demasiado brusca y sin acompañamiento para la industria local”, advirtió. Y fue más allá al referirse al ingreso de indumentaria importada: “El ingreso masivo de ropa china me da pánico”.
Para el diseñador, el problema no es la competencia en sí, sino la ausencia de un marco que permita sobrevivir a talleres y marcas pequeñas. “El diseño argentino existe y es competitivo. Lo que falta es una decisión política para que esta industria deje de desaparecer”, concluyó.