La instalación de montículos de piedra, tierra y escombros en pasos informales en Bernardo de Irigoyen, en la frontera seca entre Misiones y Brasil volvió a generar polémica entre vecinos, comerciantes y autoridades de la región. La medida fue impulsada por la Polícia Federal brasileña con el objetivo de desalentar el contrabando, el tránsito irregular y otros delitos vinculados a la circulación fronteriza.
El operativo alcanzó al menos seis accesos no habilitados en el límite entre Bernardo de Irigoyen y las ciudades brasileñas de Dionísio Cerqueira y Barracão. Sin embargo, quienes viven y trabajan en la zona coinciden en que las barreras no modificaron el movimiento cotidiano entre ambos países.
Desde las fuerzas de seguridad reconocieron que no es la primera vez que se implementan este tipo de intervenciones y admitieron las dificultades para controlar una frontera terrestre integrada al entramado urbano. A diferencia de otros puntos de Misiones, donde el límite está marcado por ríos, en esta región el cruce entre ciudades es directo y permanente.
Los residentes señalaron que, pese a los obstáculos colocados, continúan pasando vehículos, motocicletas y peatones por distintos sectores. Además, cuestionaron el aspecto visual de los montículos y advirtieron sobre problemas de seguridad, especialmente durante los días de lluvia por la acumulación de barro y la falta de señalización adecuada.
Las críticas también surgieron desde el sector comercial y turístico. Referentes locales consideran que las barreras afectan la imagen de una región que históricamente promovió la integración entre las tres ciudades fronterizas y que mantiene un flujo constante de personas por razones laborales, económicas y sociales.
En ese contexto, autoridades municipales de ambos lados de la frontera coincidieron en que la problemática requiere soluciones más ordenadas y compatibles con la dinámica cotidiana del lugar. Incluso, desde Brasil anticiparon que analizan reemplazar los montículos por estructuras urbanas más integradas al espacio público.
Mientras continúan los controles y operativos en la zona, la frontera seca entre Misiones y Brasil sigue reflejando una convivencia diaria marcada por la circulación permanente entre ambos países, más allá de las barreras físicas instaladas en los accesos informales.