El socavón en el que cayó Talleres: 180 minutos y un cibronazo hasta los cimientos
Dos eliminaciones en 10 días, el apartamiento de Carlos Tevez, los cuestionamientos a todos, incluso a Andrés Fassi. A la sombra de Belgrano...


Un ex Talleres, el delantero Cristian Tarragona, anotó el agónico empate para Unión en Santa Fe y los Albiazules, que quedaban terceros con la victoria en esa última presentación en la fase regular del torneo, empataron 1 a 1 para ser cuartos en la Zona A. Terceros, si se ubicaban por encima de Vélez, no se habría dado el cruce en octavos con Belgrano. Era el 2 de mayo. A partir de allí, en apenas 18 días y los 180 minutos de dos partidos eliminatorios, sobrevino un derrumbe.

Talleres perdió mucho más que un clásico con Belgrano, de más está decirlo. El equipo, su gente, el Mundo Albiazul, quedó en shock. Desde aquel sábado 9 de mayo, tan cercano en el tiempo, pasaron demasiadas cosas en Talleres. Su rival de siempre, con el envión del 1 a 0 en el Kempes, llegó hasta la final del Apertura, y el Albiazul se hundió un poco más en su naufragio, al caer sin miramientos en Copa Argentina. Goleado por un Atlético Tucumán que estuvo entre los peores del semestre, y otra vez eliminado, en el único objetivo en pie para esta parte del año. Lo único que, a corto plazo, podías lavar la vergüenza deportiva. Y fue peor.


Contra los tucumanos el equipo fue una sombra. Ya sin Carlos Tevez, eyectado del cargo de entrenador tras su alocado planteo y la liviandad al asumir las responsabilidades. Un técnico que asomaba con chances de permanencer en el cargo al menos hasta fines del 2026. Todo se estrelló con el muro de la realidad. Un golpazo. El "Apache" se marchó por la puerta de atrás, más allá de la puesta en escena junto a Andrés Fassi, el 13 de mayo.

En medio, explotó una bomba que terminó de implosionar la estructura del club. Control de alcoholemia positivo para Diego Valoyes, el que iba a ser un regreso triunfal y hasta aquí resultó un fiasco. Venía del festejo del cumpleños de Bruno Barticciotto, otro de los que rindió poco y nada, y con la mayoría del plantel y un par de días antes del clásico...
La goleada en Copa Argentina, humillante (pudo ser más abultada aún que el 3-0), lacerante para los 4.000 hinchas que viajaron hasta Rosario masticando amargura y clamando por una reivindicación, rompió todos los diques de contención. Y la gota que rebalsó el vaso, a cargo de Barticciotto y una delirante justificación de aquel festejo. "Si ganábamos, iba a ser cábala", lanzó. Nadie podía creer tal aseveración, agraviante para los hinchas. Era el 20 de mayo. En sólo 18 días, y los aciagos 180 minutos disputados, un tembladeral sacudió los cimientos de una contracción que laboriosamente levantó Fassi en una década. Así de demoledor puede ser el fútbol.
La pesadilla de Talleres no terminó aún. Falta el domingo, con un Belgrano a un partido de la gloria, y todos los coletazos que acarreará. Porque, como ocurriría a la inversa, los éxitos del rival tradicional son difíciles de digerir. Pueden resultar una verdadera indigestión. Andrés Fassi, consumado hombre del fútbol, por supuesto lo sabe. Apareció como el arquitecto de la reconstrucción de Talleres, y ahora deberá trazar la ingeniería para evitar el colpaso de su obra.
No hubo declaraciones del presidente en Rosario. No hay precisiones. Seguramente, con su habitual muñeca se tomará un tiempo para pensar en frío, porque hay margen y un receso por el Mundial que deberá servirle. Y los múltiples urgencias tendrán que ser afrontadas de cara al Torneo Clausura a pulso firme, caiga quien caiga.

Del actual plantel quedarán pocos, incluso los referentes como Guido Herrera y Matías Catalán, ya pusieron pie y medio afuera. La bandera deplegada en la tribuna, el "nunca vinimos por los jugadores, siempre por la camiseta", es lapidaria. Pero las cuestiones estructurales van más allá, porque Fassi es atacado desde distintos flancos por la función de su hijo Sebastián, vicepresidente deportivo. ¿Podrán sobrellevar los reclamos casi unánimes por esta debacle de seis técnicos en un año, uno que dio el portazo sin debutar, y una campaña que lo llevó a poner en riesgo la permamencia en Primera? Parece complicado, y a la vez ineludible y prioritario.

Por supuesto también, la elección del nuevo entrenador será capital. Ezequiel Carboni no pudo ser el bombero para la ocasión, con las papas quemando, y se desvaneció la tenue presunción de que podía tomar las riendas del plantel. Fassi deberá apuntar muy alto, y a la vez interpretar el sentimiento del hincha. Un técnico capaz y querido. Es decir, Frank Kudelka. Ni siquiera Ricardo Gareca, otra de las opciones (sumado a Javier Gandolfi, en el León de México), alcanzaría a apaciguar las fieras. Un público que pretenderá ser protagonista y candidato del Clausura desde la fecha uno.

Fassi deberiá terminar de recomponer la relación con Kudelka, interrumpida ya hace ocho años, el 18 de mayo de 2018. Es técnico de Newell's y su primera respuesta sería quedarse en la "Lepra". De todos modos también sabe que hay páginas todavía por escribir en su idilio con Talleres. Porque representa casi todo lo mejor de los últimos tiempos de Talleres y del ciclo Fassi. Una década con mucho para destacar y relevante, pero que por esos vaivenes del fútbol, se sacudió hasta la médula por 180 minutos.