El restaurante más angosto de Argentina celebra sus 11 años: qué se come en el "pasillo" de lujo de Córdoba
Ubicado en un espacio de solo 2,40 metros de ancho, se consolidó como un fenómeno internacional. Crónica de una cena de pasos donde el diseño y el sabor desafían los límites físicos.
El restaurante que superó una década de vida y va por más en Córdoba, Argentina y el continente.(Ernesto Bedmar.)
En el corazón de la ciudad de Córdoba, hay un lugar que desafía la arquitectura y la gastronomía: El Papagayo. El restaurante, liderado por el chef Javier Rodríguez, se prepara para celebrar sus 11 años de vida consolidado como una parada obligatoria en los rankings internacionales.
Cenar allí no es solo sentarse a comer; es adentrarse en una experiencia gastronómica dentro de 2,40 metros de ancho. El recorrido permite que las estrellas, y la luz de la ciudad, sean parte de una agradable velada.
El Papagayo y su plato insignia.(Lucas Sismondo.)
Un menú de pasos: el arte de la precisión
La propuesta actual de El Papagayo es un menú sensorial que prioriza el producto local con técnicas de vanguardia. En una visita sorpresa de Vía Córdoba, el restaurante sirvió platos, que marcan la pauta de su cocina y explican los motivos de la vigencia del restaurante:
Los snacks de bienvenida: un vermut “me lo tomo con soda” dio pie a un inicio bien local con polenta horneada, un poco insulsa, de Oncativo y salame de Capilla del Monte. Luego, un sofisticado canelé francés para acompañar un tartar de ternera, coronado con salsa verde, polvo de perejil y alcaparras.
Canelé francés y tartar de ternera.(Lucas Sismondo.)
Contraste de sabores: seguimos con un plato de higos con anchoas de Mar del Plata, potenciado por un aceite de oliva estacionado en barricas de Jerez. Se logró un gran perfecto entre lo dulce y lo salino con una crocante galleta de café.
Higos con anchoas de Mar del Plata.(Lucas Sismondo.)
Del mar a la plancha: un langostino muy bien sellado con un refrescante chutney (puré saborizado) de melón.
Chutney es un puré que se saboriza con ingredientes a elección del cocinero.(Lucas Sismondo.)
Calidez artesanal: un atractivo y sabroso pan con romero a las brasas llegó junto a una suculenta humita con queso provolone. Como si fuera poco, una manteca orgánica de productores locales.
El Papagayo y su humita.(Lucas Sismondo.)
El "huevo" icónico: es el alma del lugar. La preparación a media cocción se sirve en una cáscara de huevo real, lleva crema ácida y arrope de chañar. Cumple una década en la carta y es parte de la identidad del restaurante.
Producto de Traslasierra: la presencia de productores sigue con un queso de oveja de San Javier, acompañado de texturas de remolacha. A sus costados, cacao y ciruelas fermentadas, un viaje de combinaciones.
Remolachas.(Lucas Sismondo.)
Frescura patagónica: la continuidad de lo salado siguió con trucha y una salsa sésamo blanco y una fresca emulsión de berro. Un platillo que no trascendió en comparación al resto.
La frescura patagónica.(Lucas Sismondo.)
Un cierre perfecto, a lo salado: la casa ofrecía como proteínas bondiola de cerdo, corvina o carne de wagyu. Todas acompañadas con zanahoria, miel y salsa de ajo blanco.
El maridaje: del concreto al cristal
La bodega de El Papagayo también marca tendencia. Durante la cena, degustamos seis bebidas, pero se destaca la apuesta por la vitivinicultura moderna:
Vinos en concreto: la degustación incluyó el Cordisco (Montepulciano) de Luján de Cuyo, un vino fermentado y criado íntegramente en huevos de concreto. Esta técnica, en auge en Argentina, busca resaltar la pureza de la fruta sin la intervención de la madera.
Vino criado en huevos de concreto.(Lucas Sismondo.)
Etiquetas propias: el maridaje se completa con el Malbec exclusivo del restaurante, elaborado en conjunto con bodega Chakana.
El dulce final
La propuesta no termina en el delicado y angosto recinto. Sino que invita a elegir una copa de vino de la noche, cruzar la vereda para conocer su cafetería y consumir sus postres. En esta ocasión, el inicio del final comenzó con tierra de cacao debajo de un refrescante helado de limón, menta y aceite deoliva. Para los valientes, había extracto de fernet para incorporar a la preparación.
Helado de limón.(Lucas Sismondo.)
El segundo postre consistió en una mezcla de banana, maní crocante, coco y chocolate. Pero la cocina sorprendió con una combinación poco convencional y efectiva: zapallo, queso de cabra y café. Una delicia que juega con texturas, temperaturas y contrastes de sabores. Finalmente, una madeleine (magdalena francesa) suave y esponjosa con notas de limón.
El Papagayo ofrece un postre con banana, maní crocante, coco y chocolate.(Lucas SIsmondo.)
Servicio con alma
Más allá de los platos, lo que hace que El Papagayo brille tras 10 años es su servicio. Bajo la guía de profesionales como Lucy, su sommelier, el equipo logra una "conexión" con el comensal, eliminando la rigidez de la alta gama para convertir el pasillo más famoso de Córdoba en un refugio de hospitalidad.
La carne de Wagyu.(Lucas Sismondo.)
De la carne de Wagyu al postre con Fernet: los platos destacados
Bajo los ojos y el paladar de este comensal, y sus dos acompañantes, los platos destacados del menú de pasos sorpresa de El Papagayo fueron su canelé francés con tartar de ternera; la pequeña y suculenta humita gratinada, con un sabroso pan; las texturas de remolachas, para los fanáticos de lo agridulce; su icónico y disruptivo huevo cordobés.
El postre que se llevó los aplausos.(Lucas Sismondo.)
Por último, la carne de wagyu, que era una seda crocante, y la cautivadora y suave combinación de café acaramelado y zapallo. El Papagayo, ubicado en Arturo M. Bas al 69, un lugar para quienes se atreven a los sabores agridulces, aprecian la bebida y las explicaciones detrás de los alimentos y copas que se sirven en el pequeño gigante que suena fuerte en Argentina y el continente.