Droga y descontrol en una plaza de Córdoba: 14 familias venden sus casas por el hartazgo
Los vecinos denuncian ruidos, picadas de motos y venta de estupefacientes que transformaron el barrio en "tierra de nadie".


El barrio Villa Azalais, una zona con historia y arraigo en la ciudad de Córdoba, atraviesa una crisis de seguridad y convivencia sin precedentes. Lo que debería ser un espacio de esparcimiento familiar, la plaza Heraldo Bosio, ubicada entre las calles Capdevila y Alem, se ha convertido en el epicentro de un "descontrol" nocturno que está expulsando a sus propios residentes.

La situación es tan crítica que, de las 16 viviendas situadas frente al espacio verde, 14 fueron puestas a la venta o alquiler por sus dueños, quienes aseguran no poder cerrar los ojos en toda la noche.
El calvario de los vecinos comienza cerca de la medianoche y se extiende de manera ininterrumpida hasta las 7 u 8 de la mañana del día siguiente. Decenas de jóvenes, de entre 15 y 30 años, copan el sector con motocicletas de escapes libres y vehículos con parlantes a máximo volumen.

"Mi señora es docente y se levanta a las 6 de la mañana. Durante la noche se tiene que levantar tres o cuatro veces porque no se puede dormir", relató con angustia uno de los afectados. Este escenario se repite desde hace casi tres años, afectando la salud y el rendimiento escolar de los niños del sector, quienes muchas veces no pueden asistir a clases por el agotamiento.
Los residentes denuncian que el comercio de estupefacientes ocurre a la vista de todos. "Acá hay descontrol de bebidas, descontrol de drogas. Le venden las drogas como si fuera un caramelo más", denunció Oscar, un vecino que lamenta ver la plaza inundada de jeringas, restos de sustancias y envases de alcohol cada mañana.
Incluso los intentos de diálogo han fracasado ante la agresividad de los concurrentes. Al pedir que bajaran la música a la madrugada, una vecina recibió como respuesta: "Problema suyo si no puede dormir".
A pesar de los constantes llamados a la Policía y los petitorios elevados a la Municipalidad y a la Provincia, las soluciones de fondo no llegan. Según los testimonios, los patrulleros suelen activar las sirenas para dispersar a los grupos, pero estos simplemente dan la vuelta a la manzana y regresan apenas los uniformados se retiran.
El temor de la comunidad es que el agotamiento psicológico derive en un hecho de violencia física irreversible. "Un vecino se va a cansar y puede hacer una desgracia, matar a alguien", advirtió un residente ante la falta de medidas preventivas eficaces, como el vallado de la plaza o controles fijos permanentes. .